El enfoque del gobierno nacional actual (así como en 2003 – 2015) privilegia las políticas redistributivas social y regionalmente, por sobre las políticas dirigidas al desarrollo productivo. Un ejemplo claro está dado por la imposición de restricciones a la exportación de algunos alimentos, que genera desaliento a la producción, el empleo y la inversión en sectores agroindustriales, con efectos distributivos poco claros a largo plazo. Las provincias más afectadas por este tipo de políticas son las de la franja central del país. Algo similar podría decirse de otras políticas, como las prioridades existentes en la infraestructura pública, entre otras decisiones.

Claro que este tipo de políticas a largo plazo tienen un efecto boomerang: cuando las exportaciones crecen lentamente o no lo hacen y prevalece la escasez de divisas en las reservas del BCRA, la economía típicamente termina en una crisis, cuyos mayores perjudicados terminan siendo las familias de ingresos más postergados, de todas las regiones. Se trata de una estrategia que a largo plazo no incentiva el desarrollo productivo ni tampoco reduce la pobreza o mejora la distribución del ingreso. Es decir, una estrategia con resultados “perder – perder”.

Ante la decadencia a largo plazo, en los últimos meses se advierte un cierto despertar de los sectores productivos de la economía en las provincias del centro del país. Los sectores públicos y privados de dichas provincias deberían concretar acuerdos para que sus legisladores nacionales no voten en contra de los intereses económicos de las regiones que representan, y propongan políticas de estado que sean plasmadas en leyes, como la imposibilidad de restringir exportaciones y un reparto más objetivo de los fondos para inversión pública.

Estos acuerdos deberían apuntar a un desarrollo productivo del país, con generación de empleo privado de calidad, equilibrio fiscal y una política social dirigida a igualar oportunidades. Equilibrio fiscal para que no vuelva a ocurrir que, como consecuencia del déficit público naveguemos siempre entre la inflación y el endeudamiento, en que además tales desequilibrios suelen terminar elevando abrumadoramente las tasas de interés o desplazando el crédito al sector productivo de la economía.

(Fuente IERAL)