El mundo Boca es muy complejo. Muchas veces lo que parecía imposible se ha logrado y otra muchas, lo más sencillo se transformó en una verdadera quimera.

En su historia ha tenido épocas donde las peleas internas no impedían que se gane todo porque el liderazgo de Bianchi ordenaba, pero otros momentos donde, como si un sentimiento auto destructivo lo poseyera, se complica solo y sufre en demasía. Cabaret time…

El viejo y querido Miguel Russo, a pesar de salir Bicampeón ni bien llegó, con el bonus track de haberle arrebatado el campeonato de la Superliga en la última fecha al sacrosanto River de Gallardo, y de lograr eliminarlo dos veces mano a mano (Copa Maradona y en la actual Copa Argentina, penales mediante), fue perdiendo crédito en los hinchas que veían que los planteos y la identidad de juego cada vez eran menos claros.

Así las cosas, comenzaron los rumores de intromisión en el equipo, los errores evidentes de manejo del consejo de futbol bajo el mando del mayor ídolo del club de la historia (Juan Román Riquelme). Las salidas polémicas de algunos jugadores que habían demostrado su valía como Pol Fernández, Wanchope Avila (aunque sus lesiones continuas habían bajado el valor de sus acciones) o Andrada por poner algunos ejemplos, con el corolario del retiro de Carlitos Tevez, pusieron de manifiesta que la casa no estaba en orden. El abrazo de Carlitos y Roman fue para otorgarles el Oscar.

Los refuerzos no conformaron a excepción de Juan Ramírez y de Marcos Rojo cuando logró ponerse a tono físicamente. Y para colmo de males, algunos desplantes de ciertos jugadores de renombre le echaron nafta al fuego (Villa, Pavón, Cardona). ¿Boca no tiene paz nos preguntábamos muchos? Y por si fuera poco el arquero hace una de cal y dos de arena.

Battaglia, el jugador más ganador de nuestra rica historia, sucedió a Russo y el equipo levantó. Remó desde el fondo de la tabla hasta ponerse a tiro de pelear el campeonato, dándole un rol protagónico a los juveniles, y hasta se metió provisionalmente en la Copa Libertadores 2022 por la suma de puntos en la tabla general que clasifica a la misma. 

Pero la derrota 2-1 con River, con una actitud temerosa y desdibujada (más allá de la polémica expulsión de Rojo), de a poco resurgieron las dudas, y el técnico pareció perder la brújula. Justo cuando más se necesitaba dar el golpe en la mesa y seguir creciendo.

Los juveniles fueron perdiendo terreno, los refuerzos y algunos jugadores cuestionados siguieron viendo demasiada acción (Briasco, Zambrano, Rolon, Orsini etc), y los resultados (y la lógica de los planteos) se resintieron. 

Luego de ganarle a Lanús, Huracán y Godoy Cruz, las derrotas con Vélez (en otro muy mal partido del xeneise) y Gimnasia pusieron al rojo vivo el mundo Boca.

Luego de ganarle a Aldosivi y Sarmiento, la decisión de poner 7 suplentes contra Independiente cuando todavía faltaba dos semanas para jugar la final de la Copa Argentina no tuvo ningún sentido. Fue tirada de los pelos e irresponsable diría yo. Y para peor, se perdió.

El triunfo de Estudiantes profundizó el malestar porque antes de jugar con Newells en la bombonera, Boca volvía a estar afuera de la clasificación a la Copa, el objetivo más básico. No jugar la Libertadores en Boca es drama. Así de fácil.

Contra el rojinegro rosarino Battaglia volvió a sorprender y no para bien: dejó en el Banco gran parte del partido a Villa y a Cardona, quienes luego de los de sus respectivos indultos venían de ser figuras indiscutidas de los últimos encuentros donde habían sido titulares… y el 0-0 nos dejó ya sin depender de nosotros para entrar por la vía de los puntos en la tabla general a falta de dos partidos (Arsenal afuera y Central Córdoba en casa). Se habló primero de un acto de indisciplina de ambos colombianos y de Zambrano (venía del pequeño affaire con Pavón en el banco de suplentes), pero luego se habló de una intoxicación. Son tantos los líos que al final uno no sabe nunca que creer. Si les dieron el día libre y volvieron sin estar en condiciones, es otra macana más y van… Alguien va a poner un límite ?

Es difícil hablar sin información fidedigna, y de ese modo uno solo juzga lo que ve. Hoy por hoy la impresión es que el técnico no pega una, y aún si Boca gana la Copa Argentina y entra a la Copa por esa vía, parecería que el interinato hasta diciembre no debería extenderse. Si sus errores son producto de que no lo dejan formar el equipo, debería renunciar de inmediato. Y si son propios, son demasiado graves para seguir a cargo del plantel mucho tiempo más. Una pena porque es un ídolo icónico del club y un tipo querido por todos. Pero quienes asumen roles corren el riesgo de perder algo del gran prestigio ganado. Sino pregúntele al Virrey quien en su tercer período fue un desastre y tuvo que dejar su lugar. 

Mi más ferviente deseo (y seguramente el de la inmensa mayoría de los hinchas) es que Boca encuentre el rumbo pronto, y se encamine a un proyecto serio, integral, como el que había en las épocas de Bianchi en sus primeros dos períodos, o como el de que viene llevando Gallardo en River. Cuando los equipos están bien trabajados, cuando hay autoridad, una base y un estilo, todo es más fácil. Pero cuando uno ve a los líderes de los grandes proyectos, encuentra una lógica, una marca, una consistencia. Y ve que cada uno se ocupa de lo suyo.

Yo pretendo que alguna vez volvamos a tener un líder que no solo defina el estilo de juego sino que ordene con su presencia y no deje lugar a dudas. No puede ser que se tomen decisiones alocadas, ilógicas e inexplicables, que los dirigentes se agarren a piñas y no lideren con el ejemplo y que los jugadores cada dos por tres hablen de lo que no deben con la prensa, se quieran ir de Boca, etc.

Ah, y no pasa por el precio del dólar. Sucede porque en Boca hoy pasan demasiadas cosas que no sabemos, y que si se supieran, seguramente nos caerían pésimo.

Ojalá cambie pronto, porque si no, la Patria Bostera os lo demandará, más temprano que tarde.

Boca está por encima de todos, se llamen como se llamen.