Aunque en todos lados se hable de las consecuencias que el COVID-19 puede causar en nuestra salud o en la de nuestras familias, es también importante que empecemos a reflexionar sobre el impacto psicológico y emocional que nos genera.

No todos podemos lidiar con una situación de estrés o incertidumbre de la misma manera. Cada cual, por su personalidad y experiencia, le dará un sentido diferente.

Además, todos expresamos las emociones y nos sentimos responsables de nuestra gente de forma distinta. Sin embargo, hay algunas reacciones y actitudes comunes que todos en algún momento podemos vivenciar. Reflexionemos juntos sobre ellas. Entonces, ante esta situación es normal y natural sentirse Abrumado/a Asustado/a Ansioso/a Angustiado/a Preocupado/a Confundido/a Indefenso/a

¿Cómo darse cuenta que estamos experimentando alguna de esas emociones? Necesidad de seguir y de exigir a otros pautas estrictas para transitar la situación. Fuerte deseo de estar con la gente que más queremos. Presencia de emociones como tristeza, irritabilidad o ira. Dificultad para concentrarse o atender a las tareas. Preocupaciones relacionadas con la seguridad de familiares y amigos. Preocupación por las noticias. Irritación inusual, agitación, mayor sensación de alerta. Cambios en los patrones de sueño y/o alimentación.

¿Qué podemos hacer para manejar estas emociones?

Mantené tus rutinas familiares y laborales tanto como sea posible.

Informate solo a través de medios oficiales: Gobierno, OMS, Ministerio de Salud.

Contactá frecuentemente (utilizando los medios digitales) a tus familiares y amigos. Saber que ellos están bien te aliviará.

Si tus sentimientos varían de un momento al otro, es normal que tu ánimo sea cambiante en estas épocas.

Seguí una dieta saludable y mantente físicamente activo.

Reservá un rato del día para vos. Hacé algo que te guste y que te brinde paz y tranquilidad: leer, bailar, escuchar música, jugar con tus hijos, ver una película o una serie (en lo posible cómica, que te haga reír).