De acuerdo a relevamientos realizados por PwC relacionados a diferentes estudios y encuestas sobre la temática a nivel global, el valor de la industria de la economía colaborativa llegaría a los 335 mil millones de dólares para 2025, compartiendo un 50% del mercado con el modelo tradicional. El relevamiento establece que los consumidores consideran que esta nueva manera de hacer negocios ayuda a reducir los costos de consumos diarios, implica mayor eficiencia, reduce la contaminación, construye una comunidad más fuerte, genera mayor comodidad a la hora de comprar, al tiempo que basa su éxito en la confianza entre oferentes y demandantes. Sin embargo, todavía existen ciertas inseguridades a la hora de involucrarse con compañías desconocidas, y sostienen que el servicio puede no siempre ser consistente.

Este tipo de transacción ha llegado para quedarse, al menos hasta que exista una alternativa superadora que la reemplace total o parcialmente. Para José M. Segura, Economista Jefe de PwC Argentina “este concepto permite la reducción de costos transaccionales por la utilización de nuevas herramientas tecnológicas, con lo cual se elimina la necesidad (y por tanto costos y ganancia) del intermediario, volviendo el intercambio más eficiente”.

En Argentina, la economía colaborativa se venía desarrollando a una gran velocidad, ya que, entre otras cosas, ofrece un ecosistema muy favorable para su expansión debido a los altos niveles de participación de plataformas on-line. Adicionalmente existe una necesidad de los usuarios de consumir de una manera más eficiente y moderna, a la vez que genera nuevas oportunidades laborales. Ya en 2016 Argentina lideraba, junto a Brasil, México y Perú, en número de iniciativas. Mas allá del “parate” lógico en la economía en general que implica la pandemia, hay que mencionar que todavía el desarrollo de estos negocios en el país es relativamente bajo. En 2018, los usuarios-proveedores de estas plataformas representaban sólo el 1% del total de ocupados.

“La ganancia de eficiencia otorgada por la tecnología para llevar adelante transacciones persona a persona es tan notoria que no solo llegó para quedarse, sino que irá imponiéndose sobre las viejas formas de intercambio. Esto es simple: lo más eficiente le ganará a lo menos eficiente”, destacó el socio de PwC Argentina.

Ventajas y desventajas de la economía colaborativa.

El principal punto a favor es que, al bajar los costos transaccionales, permite disminuir las barreras de entrada al mercado, creando oportunidades que de otro modo no se presentarían y de esa forma, promueve la creación de pequeñas empresas y oportunidades laborales, en muchos casos de baja calificación, todo lo cual podría impactar positivamente sobre la desigualdad en el país y promover el uso más eficiente de recursos. Por otro lado, la digitalización de las transacciones permite un impulso hacia la formalización de la economía que, acompañada con la regulación pertinente, podrá dotar de mayores derechos y seguridad a los usuarios. 

Entre los efectos adversos se puede mencionar que la información vinculada a la forma de trabajo no está alcanzada por las estadísticas oficiales, provocando que, los trabajadores de este sector sean clasificados como ocupados no asalariados o algunas formas de trabajo atípico. También la falta de regulación podría producir competencia desleal entre el nuevo modelo y el tradicional o desprotección del consumidor, cuyo único resguardo estaría dado por las reseñas que otro usuario del servicio pudo haber hecho. 

“El avance de la tecnología es un hecho y continuará teniendo efectos en la economía. La economía colaborativa, permite ganancias de eficiencia tan grandes que la sociedad ya la ha adoptado y continuará haciéndolo. El desafío de los países emergentes y principalmente de los hacedores de política es acompañar al sector privado con la normativa que permita el desarrollo óptimo de estos nuevos modelos de comercialización manteniendo una adecuada protección de la competencia y los consumidores” finaliza Segura