Mauricio Macri le entrega puntualmente el martes bastón y banda presidenciales a Alberto Fernández: será un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la Argentina.


No quedará en los registros como la hazaña del astronauta que contempló por primera vez desde la Luna el espacio ilimitado. Pero en cualquier caso parece un saludable signo de madurez de la democracia argentina conseguir lo que en otras partes es corriente: un traspaso del poder en tiempo y forma entre dos facciones de distinto signo político.


El próximo recambio de inquilinos en la Casa Rosada tendrá, ante todo, la particularidad de ser la primera ocasión, desde el restablecimiento de la democracia, en 1983, que un gobierno no peronista complete la totalidad del mandato para el que fue elegido. Una necesaria contribución a las buenas formas republicanas que adoptó la Nación Argentina para su administración política.

(Fuente: Télam)